lunes, 26 de mayo de 2014

EL PARTO



EL PARTO

Recuerdo cuando la gente me preguntaba "¿tienes miedo al parto?". Y yo lo tenía claro, cuando llegue el momento ya tendré miedo a asustarme. Pero la verdad es que no me asusté en ningún momento. Al contrario, era un momento que estaba deseando que llegase. Tenía tantas ganas de verles sus caritas. La cuestión es que yo fuí a la revisión que me tocaba y me dijeron "aquí te quedas". Nervios si me entraron, para que nos vamos a engañar. Esto sucedió a las 10,30 h de la mañana y a las 22,58 h tuve a Alejandro, a las 23,00 h nació Roberto.

La tarde transcurrió dentro de lo normal, comenzaron los dolores y me pusieron la epidural (era algo que tenía claro, pasar dolor porque sí no me parecía lógico, al fin y al cabo iba a ver todo el proceso). Mi marido estuvo conmigo toda la tarde, tenemos hasta un vídeo que se lo pondremos a nuestros peques cuando sean mayores porque está dedicado a ellos. Los dolores cada vez iban a más, sin entender muy bien por qué, ya que me habían puesto la epidural. Llamé a una enfermera y pudieron comprobar que la anestesia no me había hecho ningún efecto. Me pincharon de nuevo y entonces sí, ya me hizo su efecto. Mi marido estaba completamente ilusionado con estar en el parto. De hecho preguntó si podría estar y todo el personal le dijo que sí, ya que iba a ser un parto vaginal y no habría problema. Pero la realidad fue distinta, al ser un embarazo gemelar, tendrían que meterme en quirófano por si hubiera algún problema, con lo que el pobre se lo perdió.

Al entrar en quirófano, yo estaba completamente ilusionada. Por fin los iba a ver. Empezamos empujando como la matrona me había dicho, aunque yo no pude hacer la gimnasia preparto (tenía problemas porque se había acortado el cuello del útero y podía provocar el parto). Yo empujaba y empujaba pero Alejandro no salía, por más que yo lo intentaba. La doctora me dijo que me tendrían que ayudar. Yo no sabía a qué se refería, hasta que ya pasado todo me dijeron que lo habían sacado con forceps. Cuando lo vi salir, cuando vi su cuerpecito, me entró una felicidad indescriptible. Eso sí, no me quedé tranquila hasta que le oí llorar. La doctora me dijo "no te relajes, no hemos terminado". Entonces volví a empujar y, sin problemas, salió Roberto. El enseguida lloró, le vi completamente manchado de sangre. Se los llevaron a un cuarto a parte. Al ratito, mientras me cosían, se acercó el pediatra y me dijo que los niños estaban perfectamente, pero que tendrían que quedarse allí una temporada porque habían nacido con muy poco peso.



Me los acercaron y entonces vi esos ojos enormes, negros, vivos y esas caritas preciosas, que serían las que me darían la vida más adelante, a pesar de los problemas. Eran guapísimos. Los besé, pero siempre me quedaré con la frustración de no haberles podido coger en ese momento, de no haber podido darles el pecho hasta el día siguiente. Creo que soñé demasiado y nunca sabes que va a poder pasar.

Cuando salí del quirófano, estaba mi madre en la puerta esperándome. La pregunté si los había visto y me dijo que sí. Sólo se me ocurrió decirla lo bonitos que eran. Me llevaron de nuevo al paritorio, esperando a Jorge. Estaba deseando verle, que me dijese qué es lo que había sentido, que me contase cómo estaban ellos, ya que se había ido con ellos.

Esa noche no pude dormir por la emoción. Había sucedido lo más hermoso de mi vida, la cual había cambiado por completo. Me sentí por primera vez en mucho tiempo, completamente feliz.

Esto es lo más bonito que le pueda suceder a una mujer en su vida y hoy en día me siento orgullosísima de mis chicos y de la decisión que tomé en su momento.

miércoles, 14 de mayo de 2014

UN REGALO DE DIOS




UN REGALO DE DIOS

O mejor dicho, dos regalos de Dios. Y es que estoy convencida que me los mandó para poder soportar lo que nos vendría después. Y es que fue tremendamente difícil este primer año de vida. Aunque yo sigo teniendo la fe en que todo cambiará, estoy convencida.

Y es que he sufrido mucho, tanto en mi embarazo como después. Durante mi embarazo sufrí ciertos problemas laborales que me hicieron caer en una gran depresión. Tan grande fue que me pasé gran parte del embarazo metida en la cama, primero porque no me sentía bien y luego porque no me apetecía hacer nada. Mi situación económica cambió radicalmente y yo solamente pensaba que esperaba dos hijos y no sabía cómo iba a poder sacarlos adelante. Cuando llegó el momento del parto, tengo que decir que sentí la felicidad más grande que jamás he sentido. Realmente ha sido uno de los buenos momentos que he tenido, porque también he tenido buenos momentos. Cuando sentía sus pataditas, cuando los acariciaba, los hablaba, los cantaba,... Y ya cuando les ví, fue algo maravilloso, inexplicable. Todas aquellas que hayáis sido madres me entenderéis a la perfección.

He de decir que durante todo ese tiempo he tenido grandes apoyos. Por un lado mi marido, que sufrió tanto como yo, pero que intentó que no se lo notase y hacía todo lo posible para animarme. Por otro lado estaban mis padres, que hicieron todo lo posible para ayudarme, y aun hoy, siguen haciéndolo. Sin ellos no sé que es lo que habría hecho, así que en cierto modo, este también es un post de agradecimiento a ellos.

Mis chiquititos nacieron con muy poquito peso, con ciertas carencias de vitaminas y calcio, así que tuvieron que estar ingresados durante veinte días en el hospital. Cada vez que venía a casa, me sentía vacía sin ellos. Me echaba a llorar pensando que los había dejado allí, que iban a pasar la noche sin su mamá, y es que ya los necesitaba muchísimo.

Hoy en día ellos son mi alegría y la de mi marido. Nos hacen sonreir a pesar de estar viviendo uno de los momentos más duros que hemos vivido nunca. Es más, ayer hablando con una amiga me dijo "ahora estás viviendo uno de los peores momentos de tu vida", a lo cual le contesté "te va a parecer una contradicción, pero éste es uno de los momentos más difíciles pero a la vez es uno de los momentos más felices de nuestra vida".

Y es que tengo que dar mil gracias a Dios, porque no sé que habré hecho yo de bueno para que me mande estos dos tesoros. Espero algún día saberlo.

martes, 13 de mayo de 2014

LOS PRIMEROS PROBLEMAS




LOS PRIMEROS PROBLEMAS

Como os comenté en mi anterior entrada, mi embarazo no fue sencillo en absoluto. Tuve problemas físicos tanto yo, como mis pequeñitos.

Desde el comienzo, cada vez que comía algo, inmediatamente tenía que ir al servicio a vomitarlo. Al tercer mes de embarazo, me enviaron al Hospital, donde dijeron que tendría que continuar con el seguimiento médico, ya que se trataba de un embarazo de alto riesgo y tendrían que estar controlándome cada quince días. He de decir que mi doctora fue María de la Calle, a la cual le agradezco todo lo que hizo por nosotros, tanto ella, como Pilar, su enfermera.

La primera vez que me vio, me dijo que tendría que coger la baja. Le dije que aquello era imposible, conocía a mi jefe y sabía que no se lo iba a tomar nada bien. Pero a los tres días de suceder esto, tuve que ir al Hospital de Urgencias porque estaba sangrando. Sinceramente, nunca he tenido tanto miedo en mi vida. No quería perderlos. Los sentía tan míos, tan necesarios en mi vida...

Iba muy nerviosa, me atendieron rápidamente y me dijeron que había sufrido una amenaza de aborto, que tendría que mantenerme en reposo absoluto. Así pues, al final, me dieron la baja.

A los cinco meses de embarazo, al ir a la consulta de la doctora, me realizo una ecografía vaginal y me dijo que el cuello del útero se había acortado tanto, que si no me colocaban un pesario, mis hijos nacerían. Así, nos fuimos a por el pesario e inmediatamente a urgencias me lo colocaron. ¡Bendito aparatejo! Gracias a él, hoy tengo a mis dos pequeños con salud.

Yo mientras tanto, continuaba vomitando. Cada vez que me pesaba la matrona, pesaba menos. La doctora me decía que los niños iban creciendo, que la que no engordaba, sino que adelgazaba era yo. Y después del parto pude comprobar que así había sido, aunque también ellos nacieron con poquito peso.

El caso es que ante todo quiero dejar claro que un embarazo gemelar no es fácil, o por lo menos para mí no lo fue, aunque conozco casos de otras mamás que les sucedió como a mí.

Si luego además sufres una depresión, el tema se agrava bastante.

En una próxima entrada os contaré más problemillas que tuve.

miércoles, 21 de agosto de 2013

LA NOTICIA



LA NOTICIA

Era un niño muy buscado y muy deseado. Aquella mañana me levanté como llevaba días haciéndolo. Mareada, con ganas de vomitar y sin la regla. Yo ya sabía qué era lo que estaba sucediendo dentro de mí, mi marido también lo sospechaba, pero mi madre, supongo que por miedo, no hacía mas que decirme que algo me había sentado mal. Pero yo decidí que de ese día no pasaba sin enterarme. Jorge bajó a la farmacia y me trajo la prueba de embarazo. Ese día estaba aquí mi suegro y mis cuñados, y yo, en silencio, me metí en el cuarto de baño para hacerme la prueba. Estaba tan nerviosa que puse el dispositivo del revés y oriné dos veces, porque la primera no fue válida. Esperé el tiempo reglamentario y de pronto, allí estaban, dos hermosas lineas rojas que sólo querían decir una cosa, que iba a ser mamá. Es la noticia más hermosa que te puedan dar. Así llamé a Jorge, le metí en la habitación y suavemente le dije: "enhorabuena papá". El no lo podía creer. Se produjeron en él una mezcla de sensaciones, de felicidad, de miedo, pero fuera como fuese, lo conseguiríamos, estábamos formando una familia. Salimos los dos de la habitación y dimos la noticia a la familia que se encontraba en el salón y que la recibieron con gran alegría. De mi familia no puedo decir lo mismo. Se lo dije por teléfono, y aquel "mamá, estoy embarazada" fue para ella un mazazo enorme. Sólo pudo decir "me parece muy bien".

Aunque, en un principio, para ella era una preocupación, yo me sentía tremendamente feliz. Iba a tener un hijo y era la noticia más hermosa que nunca había recibido. No podía entonces imaginar al cabo de mes y medio recibiría una noticia aun mejor. Y es que esperaba gemelos. En un principio supuso un shock tanto para su padre como para mí. Mi frase era "Madre mía", la de mi marido era "Dios mío". Pero a la vez no podía parar de reír. Y es que sabía que si hubiera venido uno sólo, no habríamos ido a por otro, ya que nuestra situación económica no era la mejor. Al venir dos a la vez, no había otra, así que pensamos "adelante, a luchar y a darles todo lo mejor a nuestros pequeños". Yo tenía la pequeña impresión de que serían niños, aunque sabía que Jorge deseaba niñas (él tiene dos hermanos varones) y yo deseaba niños, justo por el caso contrario, en mi casa siempre habíamos sido más mujeres.

En cuanto a mi madre, teníais que verla hoy en día. Es una maravilla verla con ellos. Los apachurra, los abraza, los besa, vamos, se la cae la baba con los dos pequeñajos.

Quería haceros partícipes de todo esto, ya que durante bastante tiempo he estado muy apartada de los blogs. Y no quiero dejarlo, porque me relaja, me encuentro bien escribiendo y me encanta, de alguna manera, conectar con otra gente.

Más adelante, os contaré los problemas que tuve durante mi embarazo, ya que no ha sido nada fácil.