EL PARTO
Recuerdo cuando la gente me preguntaba "¿tienes miedo al parto?". Y yo lo tenía claro, cuando llegue el momento ya tendré miedo a asustarme. Pero la verdad es que no me asusté en ningún momento. Al contrario, era un momento que estaba deseando que llegase. Tenía tantas ganas de verles sus caritas. La cuestión es que yo fuí a la revisión que me tocaba y me dijeron "aquí te quedas". Nervios si me entraron, para que nos vamos a engañar. Esto sucedió a las 10,30 h de la mañana y a las 22,58 h tuve a Alejandro, a las 23,00 h nació Roberto.
La tarde transcurrió dentro de lo normal, comenzaron los dolores y me pusieron la epidural (era algo que tenía claro, pasar dolor porque sí no me parecía lógico, al fin y al cabo iba a ver todo el proceso). Mi marido estuvo conmigo toda la tarde, tenemos hasta un vídeo que se lo pondremos a nuestros peques cuando sean mayores porque está dedicado a ellos. Los dolores cada vez iban a más, sin entender muy bien por qué, ya que me habían puesto la epidural. Llamé a una enfermera y pudieron comprobar que la anestesia no me había hecho ningún efecto. Me pincharon de nuevo y entonces sí, ya me hizo su efecto. Mi marido estaba completamente ilusionado con estar en el parto. De hecho preguntó si podría estar y todo el personal le dijo que sí, ya que iba a ser un parto vaginal y no habría problema. Pero la realidad fue distinta, al ser un embarazo gemelar, tendrían que meterme en quirófano por si hubiera algún problema, con lo que el pobre se lo perdió.
Al entrar en quirófano, yo estaba completamente ilusionada. Por fin los iba a ver. Empezamos empujando como la matrona me había dicho, aunque yo no pude hacer la gimnasia preparto (tenía problemas porque se había acortado el cuello del útero y podía provocar el parto). Yo empujaba y empujaba pero Alejandro no salía, por más que yo lo intentaba. La doctora me dijo que me tendrían que ayudar. Yo no sabía a qué se refería, hasta que ya pasado todo me dijeron que lo habían sacado con forceps. Cuando lo vi salir, cuando vi su cuerpecito, me entró una felicidad indescriptible. Eso sí, no me quedé tranquila hasta que le oí llorar. La doctora me dijo "no te relajes, no hemos terminado". Entonces volví a empujar y, sin problemas, salió Roberto. El enseguida lloró, le vi completamente manchado de sangre. Se los llevaron a un cuarto a parte. Al ratito, mientras me cosían, se acercó el pediatra y me dijo que los niños estaban perfectamente, pero que tendrían que quedarse allí una temporada porque habían nacido con muy poco peso.
Me los acercaron y entonces vi esos ojos enormes, negros, vivos y esas caritas preciosas, que serían las que me darían la vida más adelante, a pesar de los problemas. Eran guapísimos. Los besé, pero siempre me quedaré con la frustración de no haberles podido coger en ese momento, de no haber podido darles el pecho hasta el día siguiente. Creo que soñé demasiado y nunca sabes que va a poder pasar.
Cuando salí del quirófano, estaba mi madre en la puerta esperándome. La pregunté si los había visto y me dijo que sí. Sólo se me ocurrió decirla lo bonitos que eran. Me llevaron de nuevo al paritorio, esperando a Jorge. Estaba deseando verle, que me dijese qué es lo que había sentido, que me contase cómo estaban ellos, ya que se había ido con ellos.
Esa noche no pude dormir por la emoción. Había sucedido lo más hermoso de mi vida, la cual había cambiado por completo. Me sentí por primera vez en mucho tiempo, completamente feliz.
Esto es lo más bonito que le pueda suceder a una mujer en su vida y hoy en día me siento orgullosísima de mis chicos y de la decisión que tomé en su momento.