UN REGALO DE DIOS
O mejor dicho, dos regalos de Dios. Y es que estoy convencida que me los mandó para poder soportar lo que nos vendría después. Y es que fue tremendamente difícil este primer año de vida. Aunque yo sigo teniendo la fe en que todo cambiará, estoy convencida.
Y es que he sufrido mucho, tanto en mi embarazo como después. Durante mi embarazo sufrí ciertos problemas laborales que me hicieron caer en una gran depresión. Tan grande fue que me pasé gran parte del embarazo metida en la cama, primero porque no me sentía bien y luego porque no me apetecía hacer nada. Mi situación económica cambió radicalmente y yo solamente pensaba que esperaba dos hijos y no sabía cómo iba a poder sacarlos adelante. Cuando llegó el momento del parto, tengo que decir que sentí la felicidad más grande que jamás he sentido. Realmente ha sido uno de los buenos momentos que he tenido, porque también he tenido buenos momentos. Cuando sentía sus pataditas, cuando los acariciaba, los hablaba, los cantaba,... Y ya cuando les ví, fue algo maravilloso, inexplicable. Todas aquellas que hayáis sido madres me entenderéis a la perfección.
He de decir que durante todo ese tiempo he tenido grandes apoyos. Por un lado mi marido, que sufrió tanto como yo, pero que intentó que no se lo notase y hacía todo lo posible para animarme. Por otro lado estaban mis padres, que hicieron todo lo posible para ayudarme, y aun hoy, siguen haciéndolo. Sin ellos no sé que es lo que habría hecho, así que en cierto modo, este también es un post de agradecimiento a ellos.
Mis chiquititos nacieron con muy poquito peso, con ciertas carencias de vitaminas y calcio, así que tuvieron que estar ingresados durante veinte días en el hospital. Cada vez que venía a casa, me sentía vacía sin ellos. Me echaba a llorar pensando que los había dejado allí, que iban a pasar la noche sin su mamá, y es que ya los necesitaba muchísimo.
Hoy en día ellos son mi alegría y la de mi marido. Nos hacen sonreir a pesar de estar viviendo uno de los momentos más duros que hemos vivido nunca. Es más, ayer hablando con una amiga me dijo "ahora estás viviendo uno de los peores momentos de tu vida", a lo cual le contesté "te va a parecer una contradicción, pero éste es uno de los momentos más difíciles pero a la vez es uno de los momentos más felices de nuestra vida".
Y es que tengo que dar mil gracias a Dios, porque no sé que habré hecho yo de bueno para que me mande estos dos tesoros. Espero algún día saberlo.
O mejor dicho, dos regalos de Dios. Y es que estoy convencida que me los mandó para poder soportar lo que nos vendría después. Y es que fue tremendamente difícil este primer año de vida. Aunque yo sigo teniendo la fe en que todo cambiará, estoy convencida.
Y es que he sufrido mucho, tanto en mi embarazo como después. Durante mi embarazo sufrí ciertos problemas laborales que me hicieron caer en una gran depresión. Tan grande fue que me pasé gran parte del embarazo metida en la cama, primero porque no me sentía bien y luego porque no me apetecía hacer nada. Mi situación económica cambió radicalmente y yo solamente pensaba que esperaba dos hijos y no sabía cómo iba a poder sacarlos adelante. Cuando llegó el momento del parto, tengo que decir que sentí la felicidad más grande que jamás he sentido. Realmente ha sido uno de los buenos momentos que he tenido, porque también he tenido buenos momentos. Cuando sentía sus pataditas, cuando los acariciaba, los hablaba, los cantaba,... Y ya cuando les ví, fue algo maravilloso, inexplicable. Todas aquellas que hayáis sido madres me entenderéis a la perfección.
He de decir que durante todo ese tiempo he tenido grandes apoyos. Por un lado mi marido, que sufrió tanto como yo, pero que intentó que no se lo notase y hacía todo lo posible para animarme. Por otro lado estaban mis padres, que hicieron todo lo posible para ayudarme, y aun hoy, siguen haciéndolo. Sin ellos no sé que es lo que habría hecho, así que en cierto modo, este también es un post de agradecimiento a ellos.
Mis chiquititos nacieron con muy poquito peso, con ciertas carencias de vitaminas y calcio, así que tuvieron que estar ingresados durante veinte días en el hospital. Cada vez que venía a casa, me sentía vacía sin ellos. Me echaba a llorar pensando que los había dejado allí, que iban a pasar la noche sin su mamá, y es que ya los necesitaba muchísimo.
Hoy en día ellos son mi alegría y la de mi marido. Nos hacen sonreir a pesar de estar viviendo uno de los momentos más duros que hemos vivido nunca. Es más, ayer hablando con una amiga me dijo "ahora estás viviendo uno de los peores momentos de tu vida", a lo cual le contesté "te va a parecer una contradicción, pero éste es uno de los momentos más difíciles pero a la vez es uno de los momentos más felices de nuestra vida".
Y es que tengo que dar mil gracias a Dios, porque no sé que habré hecho yo de bueno para que me mande estos dos tesoros. Espero algún día saberlo.
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